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Autoridad Personal y Liderazgo

Dic 4, 2020 | Liderazgo y Productividad

¿Quién es un verdadero líder?, ¿Un líder nace o se hace?, ¿Soy un buen líder, o al menos soy uno?, ¿Qué puedo hacer para mejorar?, ¿Lo estoy haciendo bien?

Todas estas y muchas más son preguntas que todos nos hacemos en algún momento de nuestras vidas sí buscamos el camino del liderazgo, si salimos de nuestra zona de confort para emprender un negocio, o liderar un equipo o una compañía grande o pequeña y es perfectamente normal que surjan dudas, que cuestionemos si el camino que hemos elegido es el correcto o no y que monitoreemos el avance de las decisiones que tomamos para conocer su efectividad, riesgo y margen de error, ¿cierto?

Bueno, pues déjame decirte que los líderes nacen Y SE HACEN. Es una mentira tremenda que a veces trunca el camino de muchos el hecho de pensar que como no nací con una u otra habilidad y que según los libros la necesito en mi ADN para poder sobresalir, siempre y cuando exista voluntad, hay un líder en potencia, pero (¿siempre hay un “pero” verdad?) definitivamente se necesita un alto grado de tolerancia al fracaso, y ¿por qué digo esto?, porque así como la vida misma, el camino del líder está lleno de tropiezos.

Desde siempre me he hecho estas mismas preguntas, en cada decisión, en cada nuevo emprendimiento, en cada nueva tarea o proyecto nuevo y déjame decirte una cosa: Aunque en ocasiones mi mente estaba llena de dudas, siempre tuve la determinación necesaria para sacarlo delante de una u otra forma.

El hito más importante fue cuando descubrí que no estaba solo, que tenía un equipo respaldando mis decisiones, ayudándome a remar al unísono para llegar a la meta sin importar las dificultades, y, por último, siempre hubo un contramaestre que se encargaba de alinear mis pensamientos cuando flaqueaba, un hombro donde apoyarme cuando me sentía a punto de quebrar. Este contramaestre puede ser quien sea, tu mejor amigo/amiga, tu esposo/esposa, un miembro de tu equipo de trabajo o cualquier miembro de tu familia, recuerda que un líder no es aquel capataz que da órdenes e inspira miedo y una imagen de fortaleza infinita, no. Un líder es aquel personaje que confía en su equipo y en las habilidades de cada integrante, es un facilitador que dicta el rumbo y proporciona las herramientas para que ellos hagan lo que saben hacer mejor. 

¿Ubicas la frase “un genio con 100 ayudantes” ?, bueno pues de nada sirve que tengas un equipo si no confías en él, así de simple.

En el camino, los líderes en ocasiones tienen tantos tropiezos que llegan a dudar de sí mismos, ¿te ha pasado? Esto sucede con más frecuencia de la que te imaginas, la diferencia yace en aquellos que a pesar de las dudas, no pierden el camino, más bien, retroceden un paso, vuelven a evaluar la situación y la raíz del problema, las razones por las cuales la estrategia no está funcionando y si es necesario, vuelven a reestructurar todo el plan de ataque con un enfoque distinto que se alinee más con las soluciones a los problemas encontrados y siempre monitorean y dan seguimiento al desempeño de estas actividades en el corto, mediano y largo plazo. 

Siempre lo he dicho, un líder altamente eficaz debe de contar con tres elementos que son tan simples que no es necesario nacer con ellos: 

  1. Establecer un objetivo
  2. Hacer un plan de acción para llegar a ese objetivo
  3. Ejecutar el plan de acción

Te menciono todo esto por una simple razón: Un buen líder tiene (o desarrolla) una increíble capacidad de autogobernarse, de controlar sus emociones negativas y convertirlas en positivas, de hacer introspección a tanta profundidad como sea necesaria para encontrar y cambiar aquello que lo bloquea de hacer una u otra cosa o de activar ese instinto que le hace falta para lograr alcanzar la meta.

Conoce perfectamente sus debilidades más que sus fortalezas pues sabe qué errores le podrían generar y se anticipa a ellos, está consciente de sus defectos y en cada oportunidad que se le presenta busca la manera de aminorarlos o pivotear una decisión equivocada por una más certera, sabe (o aprende) a escuchar de verdad la opinión ajena y se cuestiona si la postura propia es la más indicada o no, admite cuando se ha equivocado y además busca reparar el daño, siempre busca tomar la mejor solución a un problema sin importar si no es la suya, sabe reconocer los logros de su equipo en público y ejerce disciplina en privado y sabe perfectamente que es la figura de autoridad y que sus decisiones impactan directamente la vida de terceros, por lo tanto siempre es precavido y contempla todos los escenarios posibles antes de indicar el camino.

Por último y no menos importante, un líder es humilde, deja su ego a un lado y esto es lo que le permite ver con claridad el problema, evaluar la situación y tomar la mejor decisión, no para él, sino para su equipo, para la tarea, para el proyecto o emprendimiento y para su entorno en general.

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